
En los últimos años, el enoturismo en Argentina ha experimentado un auge notable. Su propuesta, tan variada como cautivadora, resulta perfecta para escapadas en pareja, con amigos o en familia. Sin embargo, las vacaciones de invierno ofrecen un abanico de posibilidades que va mucho más allá de las visitas a bodegas.
Por una parte, el clima frío posiciona a los centros de esquí como destinos estrella, aunque son accesibles para unos pocos. Por otro lado, el turismo interno se intensifica. Esto se nota en el ritmo de la ciudad de Buenos Aires, donde la Exposición Rural de Palermo atrae multitudes, y las calles alrededor del Obelisco, Recoleta y La Boca se llenan de paseantes. De forma similar, en Cataratas, Salta, Córdoba y la costa atlántica se observa un movimiento constante, aunque a menor escala.
Eso es lo que generan estas fechas: la convivencia entre quienes continúan su rutina laboral y quienes se toman un respiro. Lejos de generar tensión, esta dinámica suele resultar estimulante. Ver disfrutar a otros es grato, y además propicia encuentros espontáneos con amigos o familiares durante los fines de semana.

En Mendoza y la Patagonia hay mucho más que nieve para aprovechar en las vacaciones de invierno. Aunque los viñedos están en reposo y las plantas se ven desnudas, en su interior trabajan para la próxima floración primaveral.
Es la temporada de poda, una etapa crucial donde se define el perfil del vino que se buscará obtener, según la calidad de uva deseada. Al cortar los sarmientos, se fija la carga futura de cada vid y, en consecuencia, el rendimiento. Menos uva por planta implica mayor concentración de compuestos naturales. Esto no garantiza la excelencia final, pero sí es un paso determinante. Con uva de calidad se puede aspirar a un gran vino; sin ella, nunca se logrará un resultado sobresaliente. Por eso, agrónomos y enólogos recorren los viñedos supervisando la poda. En las fincas, cuadrillas de trabajadores abrigados se afanan para que, eventualmente, las uvas de ese viñedo sean embotelladas y degustadas.

Mientras tanto, en las bodegas, es tiempo de armar los blends. Los vinos de la cosecha anterior ya completaron la fermentación alcohólica, y algunos esperan la maloláctica, una fermentación secundaria que en muchos blancos se evita para conservar acidez, pero en los tintos suele inducirse para lograr una frescura más suave.
En este proceso, el ácido málico (presente en la manzana verde) se convierte en ácido láctico (propio de la leche). Además, como el espacio en las bodegas es limitado, muchos vinos del año anterior que reposaron en barricas se trasladan a tanques de acero o a piletas de cemento para su terminación —estabilización y filtrado— antes del fraccionado y posterior estiba.
Muchos vinos top descansan más de doce meses en sus barricas, pero hay un intenso movimiento de vaciado de toneles tras el invierno de crianza, pues el nuevo vino está listo para ocuparlos. El desfile de pequeños toneles, nuevos y usados, es incesante. Además, varios enólogos aprovechan esta etapa para realizar los cortes de diferentes vinos.

Volviendo al ritmo de las ciudades en vacaciones de invierno y a cómo se pueden disfrutar más los vinos, la influencia del clima es clave. El frío condiciona la organización de actividades, ya que no siempre se puede estar al aire libre, salvo cuando el sol acompaña. Por eso, los asados en quinchos, las comidas en livings cálidos o las salidas a restaurantes confortables se vuelven opciones muy demandadas.
El clima frío también afecta la elección de alimentos. Aunque el asado se disfruta todo el año, el invierno invita a compartir platos de olla que reconfortan: puchero, guiso de lentejas, locro, pastas, arroces o polenta con toques gourmet. Son platos de cuchara que agradan a todos, pero que solo se aprecian plenamente en esta temporada.
Todo esto merece vinos a la altura. Una elección acertada potencia el placer del encuentro. Tanto en restaurante como en casa, la primera copa puede ser refrescante: un espumoso o un blanco ideal para la entrada, incluso si incluye bocados calientes. Lo importante es que no sea más intenso que el plato principal.

Para los platos principales, quienes prefieren pescado pueden optar por vinos blancos. Sin embargo, en general los tintos se lucen especialmente con los platos de cuchara, aunque hay excepciones. Por ejemplo, un risotto de vegetales combina mejor con un blanco fresco y con cuerpo. Aun así, los vinos tintos suelen ser los más elegidos en esta época.
Para disfrutar más cada plato, conviene considerar algunos consejos. Si la comida es intensa en sabor pero no muy densa, como un guiso de lentejas, mondongo o locro, lo ideal son tintos de cuerpo liviano: Pinot Noir, Criolla o Garnacha. Se sirven algo refrescados y, gracias a su textura ligera y trago ágil, limpian el paladar entre bocados.
El círculo virtuoso del maridaje consiste en bocado, vino y agua. En platos de mayor consistencia, como risottos, polenta o pastas rellenas con salsas cremosas o de hongos, el tinto puede ser más robusto, siempre con equilibrio. Un Merlot patagónico, un Cabernet Franc mendocino o un Blend Tinto salteño con algunos años de estiba son alternativas interesantes.

Por último, las carnes, estofadas, en puchero o en un clásico asado, encuentran en el Malbec al tinto que mejor se luce. Además, el Malbec ofrece gran diversidad, incluso en los Malbec blends, elaborados con dos o más variedades donde el Malbec es protagonista.
El toque distintivo en una buena mesa invernal puede llegar después del plato principal y antes del postre. Durante las vacaciones, el tiempo transcurre más lento, lo que favorece una larga sobremesa. Una excelente manera de iniciarla es con un plato de quesos acompañado de algún vino especial. Un tinto guardado, cuyo paso del tiempo suavizó las texturas, permite disfrutar notas complejas que enriquecen cualquier conversación.
10 vinos para disfrutar durante las vacaciones de invierno

- Sacha Criolla 2025
Bodega Vinecol, Mendoza, Zona Este, La Paz $13.000
Con certificación orgánica, como los demás vinos de la casa, llega este exponente de Criolla, fiel reflejo de la evolución de este cepaje que supo ser protagonista de vinos comunes y masivos, pero hoy ofrece alternativas con carácter propio. De aromas y sabores algo rústicos, pero paladar jugoso y fresco. Ideal para beber refrescado y en la mesa del hogar. Beber entre 2026 y 2027.
Puntos: 89
- Miras Joven Merlot 2025
Miras, Río Negro, Alto Valle de Río Negro, Mainqué $18.000
Para Marcelo Miras, el Merlot es una de las variedades más importantes, más allá de su impacto en las ventas. No solo por su nobleza, sino por el carácter que adquiere en el Alto Valle. Acá propone un exponente de aromas maduros y paladar franco. También amable y con buena tipicidad. Mucho para un vino joven. Beber entre 2026 y 2028.
Puntos: 91
- Numina Cabernet Franc 2024
Salentein, Mendoza, Valle de Uco $22.500
Como sucede con otros varietales de la línea, este Numina también se ha convertido en referente de su segmento, porque es un vino que trascendió la moda y conquistó paladares, gracias a que la uva se adaptó muy bien al Valle de Uco. De buen cuerpo y tipicidad, su mordiente resalta los dejos herbales y la madera aparece bastante bien integrada. Sobre su final asoma la potencia del vino, que lo sostendrá en la guarda. Beber entre 2026 y 2029.

Puntos: 93
- Clos de los Siete 2023
Clos de los Siete, Mendoza, Valle de Uco $28.000
Si bien este corte ya estaba hecho cuando falleció Michel Rolland, ya nada será lo mismo en el campo (Clos de los Siete) que él soñó primero y fundó después. Tampoco para este vino, por más que los enólogos de las cuatro bodegas que participan saben muy bien qué deben hacer para mantener su estilo. Michel ha dejado un gran legado, y este vino debe llevar esa bandera para siempre. Como desde 2002 es un blend de base Malbec, que varía con la añada. Y la cosecha 2023 hoy se muestra con sus aromas equilibrados y bien apoyados en la fruta. De paladar franco y texturas finas, con muy buen carácter y balance entre cuerpo y texturas. Con un toque más de modernidad, y el tiempo dirá si es el mejor hasta hoy. Beber entre 2026 y 2029.
Puntos: 91,5
- Amalaya Corte Único 2023
Bodega Amalaya, Salta, Cafayate $40.000
Si bien acá también se combinan Malbec, Cabernet Sauvignon y Tannat, se nota que no solo hay una elaboración diferente, sino que además las uvas son más concentradas. Provenientes de vides sobre un suelo rocoso aluvional, elegidas especialmente para dar vida al vino ícono de la bodega. De buen cuerpo y frescura, con taninos finos y una expresión apoyada en la fruta y las especias. Fermentado en barricas de roble francés durante 12 meses. Beber entre 2026 y 2029.
Puntos: 91,5

- Domiciano Gran Reserva Malbec 2021
Bodega Domiciano, Mendoza, Maipú, Barrancas $45.000
La elegancia de esta botella anticipa el vino, porque más allá del equilibrio que otorgó la guarda, su carácter se impone. Típico de Primera Zona, con esa fruta roja madura y especiada, y sus taninos amables. La crianza en barricas de roble 100% francés de primer y segundo uso por 18 meses se siente, pero no desentona. Sabiendo que, con los años, eso también aportará complejidad a su final de boca. Beber entre 2026 y 2029.
Puntos: 91,5
- Otronia 45° Rugientes Pinot Noir 2023
Otronia, Chubut, Sarmiento $52.000
El joven enólogo residente Guido Malacalza conoce muy bien los efectos que el viento constante ejerce sobre las vides, y que es una de las características salientes del clima en Sarmiento, un terruño muy extremo. Eso explica que las pieles de las uvas sean más gruesas y puedan acumular más cantidad de polifenoles, exigiendo más cuidados en la extracción en bodega. Acá se nota el carácter varietal y la personalidad del lugar, con una intención de complejidad. De estilo austero, con notas de frutas maduras y dejos de escobajos. Su final es limpio y muy texturado, lo cual habla de su potencial. Beber entre 2026 y 2029.
Puntos: 92,5

- Pepa Wines Garnacha 2024
Pepa Wines, Salta, Alto Valle Calchaquí, Cafayate $55.000
Vino orgánico, elaborado con 30% racimo entero de un viñedo ubicado en Chimpa (del otro lado del río Santa María), por padre (Alejandro) e hijo (Ramiro). Ambos lograron un tinto de aromas expresivos, bien apoyado en la fruta. La frescura se siente bien integrada, con taninos finos. Y son sus texturas las que resaltan el carácter de frutas rojas sobre el final de boca. Beber entre 2026 y 2027.
Puntos: 91
- Fabre Montmayou Grand Vin 2023
Fabre Montmayou, Mendoza, Luján de Cuyo $60.000
Con esta cosecha, el vino cumple treinta años desde su nacimiento (vendimia 1993). Y no hay dudas que es uno de los máximos exponentes de la evolución del vino argentino, y fundamentalmente de los tintos de la Primera Zona. Concebida a base de viñas viejas (1908) de Malbec (85%), con toques de Cabernet Sauvignon (10%) y Merlot (5%), y pensado para evolucionar por décadas por su creador, Hervé Joyaux Fabre. Y más allá de sus aromas equilibrados, acá se siente la frescura de la añada. De paladar franco y trago consistente, todavía se lo siente joven en sus expresiones y, por lo tanto, se lo puede esperar un poco, porque tiene todo para ganar armonía y complejidad. Beber entre 2026 y 2032.
Puntos: 94,5

- Bramare Luján de Cuyo Malbec 2023
Viña Cobos, Mendoza, Luján de Cuyo $68.000
Toda marca tiene un significado, y Bramare significa ‘anhelar’ en italiano; simboliza lo que Paul Hobbs sintió al fundar Viña Cobos en 1998. Y este Malbec es especial para él porque proviene de Luján de Cuyo, donde decidió sentar sus bases mendocinas. Elaborado con uvas cuidadosamente seleccionadas de diversos terruños (Agrelo, Perdriel, Las Compuertas y Vistalba). En sus aromas se advierte bien su carácter de Primera Zona, con buen cuerpo y aún con la crianza como protagonista (18 meses en barricas de roble francés, 20% nuevas). Sin dudas, es un exponente «classy» de la variedad emblemática argentina. Beber entre 2026 y 2028.
Puntos: 91,5
Fuente: Infobae
